El otro día, cuando volvía para casa por la N550, me llevé una gran alegría. Iba circulando bastante tranquilo y con poco tráfico, ya que no era una hora punta. Como siempre, iba respetando los límites de velocidad. Cuando entré en una zona de poblado con circulación a 50 Km/h, vi a lo lejos la imponente figura de un guardia civil junto a su vehículo. Su flamante chaleco reflectante iluminaba toda la vía. Pasados unos segundos, cuando estaba más cerca de él, vi que estaba situado en el arcén y a unos pocos metros de él vi a su compañero. También vi un par de turismos parados. No cabía ya la más mínima duda: estaba el radar colocado más adelante. Seguramente, el compañero de este guardia civil estaba denunciando a los dos turismos por exceso de velocidad. Una maravillosa estampa, sí señor. Los delincuentes cazados. A lo mejor pensaron que con la nieve caída por la mañana no iban a estar. O a lo mejor pensaron que como la campaña de navidad había acabado podían delinquir. Sin embargo, mi gran alegría vino cuando el guardia civil que estaba en el arcén se echó rápidamente a la carretera y brazo en alto mandó parar a un Golf que ya venía despacio tras recibir el fogonazo (¡sonríe al pajarito!). Y cuando este ya casi paraba en el arcén, el guardia civil le dió también el alto al que venía por detrás del Golf. El trabajo se amontonaba. A mí lo que más gusto fue ver el careto de sorpresa de los delincuentes que iban al mando de estos turismos. Esto es algo impagable. ¡Viva la Guardia Civil! y gracias por protegernos.
Escrito por n550